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1 noviembre, 2012 / noemilopeztrujillo

Vivimos por debajo de sus imposibilidades

Me multipliqué como persona en una familia en la que los pantalones duraban décadas y poder desayunar/comer/cenar era mucho más importante que llevar Adidas o Nike. Mi madre es una tipa única. De esas que se recorren cinco supermercados hasta dar con el producto de mejor calidad/precio. «Me he ahorrado 40 céntimos», decía con el orgullo de alguien que nunca ha sido salvado. Mi padre, un obrero disfrazado de «libremercado». «Si no eres comunista a los 20, no lo serás a los 40», me decía a mis 14 con la sorna de alguien que cree que los «No a la guerra» y los «Seamos solidarios» son cosas de la edad y no de la educación. Pero luego era de esos tipos coherentes que te asombraban con un: «Nosotros no vamos a pedir beca para el colegio/universidad porque, con esfuerzo, podemos pagarlo. Las becas son para quienes no pueden hacerlo, y no hay que abusar».

Me multipliqué como persona en una familia en la que la máxima era: «Hay que trabajar y ahorrar. No se puede vivir por encima de las posibilidades de uno». Lo llevo escuchando desde que decidí dejar la papilla y pasarme a la carne. Y resulta que un día, hace muy poco, lo volví a escuchar. Tuve que girarme. Esa no era la voz de mi madre. Ni la de mi padre.

Lo dijo Alberto Fabra Part, presidente de la Generalitat Valenciana, y lo secundó Soraya Sáenz de Santamaría. Y sí, hay muchos que han vivido por encima de sus posibilidades. De los que tenían dos Mercedes, pagaban el pan con un billete de 50 euros y se quejaban de que los chinos nos estaban quitando el trabajo. Por lo general, los mismos con los que ahora hablo y piensan que Rajoy arreglará esto y que hay «otros» que han vivido por encima de sus posibilidades.

Desde entonces, esa frase es la estrellita de los discursos políticos, la excusa de los cobardes. Porque, ¿cuáles eran las posibilidades? Si ellos no supieron verlas, sólo nos queda deducir que vivimos por debajo de sus imposibilidades como políticos.

Y lo único que nos queda es intentar vivir nuestras posibilidades como humanos.

11 abril, 2012 / noemilopeztrujillo

Ciudad sin Dios

Vistas de El Gallinero. Por N. López

Mohammed se agarró de mi camiseta. Tan sólo con dos de sus pequeños dedos. Suficientes como para no soltarse ni aunque se cayese mientras andábamos por las ruinas. Mohammed vive en El Gallinero. Es rumano y de etnia gitana, tiene 3 años y todavía no va al cole, aunque pronto lo hará. Es uno de los 185 menores que viven en el asentamiento romaní situado junto al vertedero de Valdemingómez, a orillas de la autovía de Valencia y a 15 kilómetros de la Puerta del Sol. En mi cabeza chispean imágenes de la película Ciudad de Dios, de las chabolas, de las favelas de Río de Janeiro. Aquí, los dioses también parece que se han olvidado de ellos. Los sagrados y los profanos. Es una Ciudad sin Dios.

Mohammed cogido a mi camiseta. Por N. López

Mohammed no habla, sólo sonríe, mientras una docena de niños que acaba de llegar del colegio corretea. Me piden insistentemente que les saque fotos. «No tenemos cámara, nunca podemos hacernos fotos», me dicen mientras otros me piden tocarla. A todos les encanta posar. Niños y mayores, hombres y mujeres, todos adoptan una pose propia de las revistas de moda y se cuelgan los accesorios más elegantes que tienen. Muchas mujeres me piden que les saque fotos con sus hijos: «Un recuerdo de familia». La petición viene acompañada de una exigencia amable: «¿Cuándo, cuándo me traes la foto?».

Dos jóvenes de El Gallinero posan para una foto. Por N. López
Madres e hijas piden un recuerdo de familia. Por N. López
Rebeca y su abuela en El Gallinero. Por N. López

Mohammed tira de mi camiseta y me lleva hasta su casa. Allí está su madre, Flórica, que me da las gracias por haberle entretenido. No me pide fotos, sólo quiere que la escuchen: «Mañana hará un año que murió mi marido. Haremos la Fiesta de los Muertos. Es como esa fiesta que vosotros hacéis una vez al año que vais al cementerio. Puedes pasarte si quieres». Según me cuentan, esta conmemoración se celebra a los tres días, dos semanas, tres meses, nueves meses, un año y siete años tras la muerte de una persona. «Siempre haces un homenaje cada año, pero las fechas importantes son esas. A los siete años, sacas el cadáver, los huesos, los metes en un saco y los entierras cerca de donde estaba la tumba. Pero dejas la tumba libre para otra persona», me explica Cipriani, un chico rumano que ha encontrado trabajo y que ahora vive en Entrevías, pero que cada semana visita el poblado.

En el sillón de la casa de Flórica y Mohammed está sentada Bianca. Tiene un dibujo entre las manos, y me dice que es Águila Roja. Bianca tiene 12 años y va al colegio. Ya sabe leer y escribir, aunque tiene que «perfeccionar la técnica». Levantarse con el frío de las siete y media  de la mañana, lavarse en el caño y marchar a coger el bus del colegio sin desayunar le ha valido para escribir una carta al protagonista de Águila Roja, Gonzalo. La misiva dice lo siguiente (revisada la ortografía): «Querido David Janer, soy Bianca, tu querida Bianca. Si supiera hacer una carta como has hecho tú a Margarita en la serie… Daría mucho para hacer una carta como esa. Te quiero. Bianca. Águila Roja, Gonzalo».
La carta que Bianca escribió a David Janer (Gonzalo) de «Águila Roja». Por N. López

Tras visitar a Flórica, un grupo de mujeres se me acerca. Quieren fotos, pero a mí me interesa la historia de Verónica. Tiene 20 años y dos niños pequeños. «Mi marido me ha abandonado», dice. Paco Pascual, profesor jubilado y voluntario de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada en El Gallinero, me cuenta que el marido maltrataba a Verónica. La última vez que lo hizo, los miembros de la parroquia le advirtieron de que si volvía a hacerlo le denunciarían a la Policía. Él optó por irse del poblado y abandonar a su mujer e hijos. Pascual me explica que, por lo general, «los hombres todavía tienen la idea de que las mujeres son una propiedad suya». «Por eso es tan importante el colegio para estos niños, porque ellos aprenderán la igualdad, ellos cambiarán las cosas», añade.

Pero la escolaridad es un problema en este asentamiento de chabolas. Muchos menores no se levantan cada mañana para ir al colegio, no son constantes, por lo que el ritmo de aprendizaje es menor. Eso sí, todos saben que está mal. Cuando Paco se acerca, le saludan, le besan, le abrazan. Sólo quieren estar con él. Y este profesor jubilado aprovecha para preguntarles si han ido al colegio. Si la respuesta es negativa, Paco les reprende. Y ellos, con sólo seis años, se justifican:

     – Paco, Paco, te lo juro, te lo juro por Dios. Me perdieron el autobús.

     – ¿Te lo perdió quién?

     – Pues que lo perdí, se fue, te lo juro, pero yo voy siempre. ¿Quieres que te lea algo?

Napoleón, junto a Rebeca y Limonata. Por N. López

A medida que crecen, el absentismo entre los varones también aumenta. Es el caso de Napoleón, que con 12 años admite que no va al colegio porque no le gusta. «Yo quiero ser como Cristiano Ronaldo», asegura. A esta edad, muchos de ellos se sienten casi adultos, y a los 15-16 años algunos ya son padres.

***

Es la hora de irse. Son las 6 de la tarde y en algunas casas todavía se cocina o se come. En otras, el pescado de ayer cuelga como si de ropa tendida se tratase. Esta noche lo cocinarán a la brasa.

Pescado tendido al sol. Por N. López
Comiendo y cocinando en El Gallinero. Por N. López

Aviso de desalojo

Todos los martes, Paco Pascual se acerca a El Gallinero para visitar a las familias y reunirse con los médicos voluntarios que prestan ayuda a la población romaní. El pasado martes, 26 de marzo, fue diferente. Más de 400 rumanos de etnia gitana esperaban a Paco para preguntarle qué significaba la «carta» que habían recibido el sábado anterior. El documento al que se referían es el aviso de desalojo remitido por el Ayuntamiento de Madrid que les entregó la Policía chabola por chabola.

Una mujer preocupada por el aviso de desalojo. Por N. López
La mayoría de estos requerimientos están dirigidos a alguien en concreto, con nombre y apellido; en los restantes sólo figura la palabra «desconocido». «Los propietarios del terreno –los miembros de la Junta de Compensación de Valdecarros– engañaron a la población de El Gallinero haciéndose pasar por personas que iban a ayudarles buscándoles una vivienda», recuerda Paco Pascual. «Numeraron las chabolas y a cada una le atribuyeron nombres y apellidos», continúa, «y la lista se la pasaron al Ayuntamiento».

«Riesgo de seguridad y salubridad»

Según el texto, el desalojo se debe a la situación de peligrosidad de la zona, «sistemáticamente utilizada como quemadero de cable de cobre, casi siempre de procedencia ilícita, con frecuentes incendios de chabolas». También alude al «riesgo de seguridad y salubridad» del asentamiento. Lo lee Paco rodeado de varias mujeres y algunos niños. Muchos de los habitantes no saben leer ni escribir, ni cuál es el siguiente paso.

Las mujeres, preocupadas, preguntan a Paco sobre el documento de aviso de desalojo. Por N. López

«¿Nos desalojan mañana? ¿Qué hago con mis niños?», pregunta Ángela. «Es que está todo muy sucio. Al menos ya no hay casi ratas, pero hay que limpiar, limpiarlo todo, y os tengo dicho que no queméis cobre», exclama Paco. Las mujeres se enfadan y gritan con una mezcla de castellano y rumano: «Lo tenemos todo limpio, yo limpio mucho en casa, yo no tengo la culpa del cobre, necesitamos dinero», dice una. Otra añade: «Tú tráenos guantes, que yo le digo a la gente que hay que quitar basura y se quita». «Vale, pero los hombres os tienen que ayudar, que los tenéis muy mal acostumbrados», reclama Paco.

Interior de dos chabolas de El Gallinero. Por N. López

El ex profesor calma los ánimos de los vecinos y explica la situación al centenar de personas que se acercan a él: «Según la carta, tenéis 15 días para reclamar. El viernes nos reunimos con los abogados y escribimos vuestra defensa, diciendo que no son condiciones insalubres, que para vosotros son vuestras casas, y que el Ayuntamiento no ha hecho nada para ayudaros. De todas formas, hasta que se produzca el desalojo puede pasar, al menos, un año, calculo yo».

Los niños también están asustados. «¿Mañana no vamos al cole?», «¿Tendremos sitio para dormir hoy?», «¿Van a romper las casas como el otro día?».

Dibujo de una niña entre los escombros de una de las chabolas derribadas. Por N. López

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Desalojo reciente

El pasado lunes 5 de marzo la Policía Nacional se acercó hasta el asentamiento romaní. El resultado fue el derribo de 8 chabolas, que comenzó poco después de que los seis autobuses escolares que pasan de lunes a viernes recogiesen a los niños para ir al colegio. Pero algunos menores, como de costumbre, no acudieron a la escuela, y vieron cómo un grupo de antidisturbios, 16 furgones y un helicóptero vigilaban las excavadoras que derribaban las casas. De momento estas familias no han podido reconstruir sus viviendas. Los niños sortean las ruinas, y las madres piden favores a las vecinas para cocinar y dormir. Y los voluntarios de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada rezan a través de la justicia para que no se vuelva a vivir una situación así

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Puedes encontrar más fotos en la galería de Flickr.

23 marzo, 2012 / noemilopeztrujillo

«Con Rafael Correa me sentí incómoda, no ofendida»

«Me incomoda la cercanía con alguien que no conozco», afirma Ana Pastor, directora de «Los Desayunos de TVE», en el Máster de ABC, en referencia a la entrevista realizada este lunes al presidente de Ecuador, Rafael CorreaLa llamó «Anita» y le preguntó en directo si la periodista le consideraba un «represor».

Ana Pastor, directora de Los Desayunos de TVE, en su visita al Máster de ABC. Por Juan Piedra

«No estoy acostumbrada a responder preguntas, presidente; las hago yo. Y tampoco estoy acostumbrada a que me llamen ‘Anita’» fue lo que contestó a Correa, quien además acusó, aparentemente, a la ONG «Human Rights Watch» de estar financiada por el cártel Sinaloa, una organización criminal mexicana dedicada al tráfico ilegal de drogas. La popular aplicación de «microblogging» Twitter, que funciona como un volcán, entró en erupción, como tantas veces lo hace tras una entrevista de la polémica periodista.

«Me cuesta creer que hubiese tenido esa cercanía con un hombre. No me imagino a Correa llamando a Mariano Rajoy –con quien el presidente ecuatoriano acababa de reunirse– ‘Marianito’», ha afirmado Pastor. Por su parte, Rafael Correa ha asegurado vía Twitter que el diminutivo de un nombre es algo cariñoso, y que la acusación a «Human Rights Watch» era, en realidad, una pregunta retórica. «En el fragor de la entrevista no le pregunté por esta acusación. No lo tenía muy atado y prefería no meterme en una batalla de la que podía salir trasquilada», explica la periodista. Y es que, para ella, el tiempo de cocción de una entrevista debe ser el suficiente como para que «el entrevistado no te pille».

Pero, ¿quién es Ana Pastor? La cara de esta periodista de 34 años es como un poliedro con diferentes planos –Ana periodista, Ana madre, Ana mujer, Ana hija–, pero todos concurren en un punto: la responsabilidad social. «Cuando me siento en un plató, mi única ideología es mi hijo», asegura Pastor, «que cuando le cuenten qué hice, se sienta orgulloso. Y eso me hace ser mejor periodista».

Esta «adicta» a Twitter se identifica con Rafael Nadal en que nunca da una bola por perdida –no se rinde nunca–. Declara que le incomodan las entrevistas cómodas, le encanta repreguntar y considera que su jefe son los alrededor de 43 millones de españoles. En el plano profesional, Alfonso Guerra la acusó de «sectaria» detrás de los micros, y Alfredo Pérez Rubalcaba acabó cabreado tras la entrevista.

Sin embargo, Esperanza Aguirre –con quien asegura tener una «muy buena relación»– fue la primera en felicitarla cuando viajó a Irán a reunirse con Mahmud Ahmadineyad –«’Con dos ovarios’, me escribió al móvil»–, y afirma que José María Aznar y Rafael Correa han sido dos grandes oradores y dos entrevistas complicadas. Precisamente por poder enfrentarse a estas personalidades políticas, Ana Pastor considera que los periodistas tienen una gran responsabilidad: «Somos unos privilegiados, por eso hago preguntas que todo el mundo tiene en su cabeza». «No podemos defraudar a la audiencia. Por eso, no, nunca, jamás, se dan las preguntas», relata.

Pero algunos opinan que esta especie de «periodismo punch» es demasiado intervencionista. Así lo expresó José Bono al acusar a Pastor en «Los Desayunos» de no dejarle terminar y de estar «debatiendo más que entrevistando». En esa entrevista, Bono la calificó de «señorita Rottenmeier». «¿Qué hubiese pasado si yo le llamo ‘abuelito de Heidi’? Para mí es una falta de respeto», explica Pastor a los alumnos del Máster de ABC.

Sin embargo, la periodista admite que a veces debate en vez de entrevistar, pero afirma que le «parece un horror que el periodista sea noticia». Ana Pastor también ha querido recordar que los periodistas «no somos más que los políticos, pero tampoco somos menos». «Hay que mantener una exigencia brutal con la clase política y, no perder el norte, pero tampoco el sur», en referencia a las hambrunas de África a las que, cada día, dedica unos minutos de su programa.

También lo puedes leer y ver los comentarios en ABC.es

18 marzo, 2012 / noemilopeztrujillo

«Jot Down aspira a ser el ‘New Yorker’ español»

Jot Down es un soplo que renueva el aire hastiado del periodismo. Ricardo J. González, subdirector de esta revista cultural, explica algunas de las claves de su éxito

«El amor y la muerte bailan una danza macabra desde el inicio de los tiempos». Así comenzaba el artículo «Canciones para amar y matar» de Ricardo J. González en la revista cultural Jot Down. De igual manera, el papel e internet bailan una danza macabra, como una relación de amor odio: no se soportan, pero el uno no puede vivir sin el otro. Contra todo pronóstico, este magazine digital ha pasado, en menos de un año, de gatear a andar, y casi a correr –de 10 redactores y colaboradores a 85–. Su subdirector, un madrileño de 32 años licenciado en Filología Hispánica, explica algunas de las claves de su éxito y su «método en la locura».

Ricardo J. González, subdirector del magazine cultural «Jot Down» en el Congreso PD Huesca. Por Andrea C. Fernández

Habéis apostado por una especie de «papelización» de la red con entrevistas extensas en una época de  sobreabundancia informativa. ¿Por qué?

Yo creo que el papel no morirá. Quizá no siga existiendo como lo conocemos ahora, pero no morirá. A nosotros nos gusta el papel, pero ya que teníamos que ceñirnos al medio digital, queríamos hacer las cosas como se han hecho siempre. No necesitamos resumir, y hay lectores que quieren seguir leyendo mucho texto.

¿Quiénes son esos lectores?

Hemos descubierto que, efectivamente, ese público en el que creíamos existía.  Un público nos ha encontrado, y es el público al que nosotros respetamos como a nosotros mismos. Un lector que se siente identificado con nuestra filosofía, que es pausada, reposada, de una lectura profunda. Nuestra audiencia sabe que si sale una entrevista en Jot Down tiene que pedir tres días en el curro para léersela. La gente no quiere algo en concreto, quiere lo que tú le des, y eso es responsabilidad nuestra. Hay un público para cosas bien hechas, que es el nuestro.

¿Cuál es la clave de vuestro éxito?

Simplemente hacer lo que nos gusta y no hacer lo que no nos gusta. En los textos de internet hay mucha homogeneidad. Todos los medios digitales siguen lo que cualquier manual de marketing les recomienda: poner negritas, palabras clave, número de palabras, enlaces… Nosotros, por ejemplo, no le encontramos sentido a las entrevistas de ahora de 15-20 minutos que no dicen nada. Queremos que los lectores sacrifiquen su ritmo frenético de vida por nosotros, una filosofía de lo lento. En ese sentido, hacemos cierta labor social. Como dije en nuestro texto fundacional parafraseando a Polonio en la obra «Hamlet», «hay método en nuestra locura».

En cifras, ¿cómo se traduce ese éxito?

Hay una media de permanencia en página de 47 minutos y unas 400.000 páginas vistas mensuales. Ahora no tengo datos, pero por poner un ejemplo, la entrevista de Enric González, tenía unas 18.000 palabras, y ha tenido unas 20.000 visitas. En cuestión de ingresos, nuestra principal fuente es la publicidad, pero el objetivo a corto plazo es sacar un sello editorial propio.

¿Seguís con la idea de contravenir el parto natural hasta el momento –del papel a la red– y pasar de la red al papel, como hizo el proyecto periodístico estadounidense Politico?

Nuestra versión digital es la madre nodriza, pero tenemos la idea de sacar ediciones especiales en papel. Es por romanticismo, el mismo que teníamos por entrevistar a personas durante dos horas y hacer periodismo como el que se había hecho siempre. Aspiramos a ser el New Yorker español.

Pero los medios de papel están a la deriva… Ahí está el ejemplo de Público

Si han acabado cerrando, es que no lo han hecho bien. Y Público se ha gestionado muy mal. Nosotros no vamos a fracasar. Sacaremos seguramente un periódico impreso y no fracasaremos. ¿Por qué? Porque hay un público que quiere leer lo que hacemos.

Entonces, si fracasaráis, es que no lo habríais hecho bien

Exacto

***

¿Cómo surge la idea de crear Jot Down?

Del mal humor que le provocaba a dos personas con intereses muy diversos y ajenos al periodismo cargar con cinco revistas para leer todo lo que nos interesa, para enterarnos de lo que pasa. Creíamos que lo había hasta ahora era muy aburrido, monótono. No es que las entrevistas largas o los reportajes de reflexión no funcionen, es que nadie los hacía o no los hacía bien.

¿Por qué ese nombre, «tomar nota» en inglés? 

Porque es paradójico. Tomar nota a pie de página con entrevistas tan largas… Es totalmente contradictorio.

Se dice que internet es el futuro del periodismo, pero para vosotros, y para otros medios, es el presente

Sí, es como una excusa para postergar el trabajo y la reinvención, que ya tendrían que estar culminando los medios «analógicos». Internet para nosotros es fundamental, nos proporciona feedback, los contactos… Y nos permite realizar uno de nuestros sueños: rescatar el talento desperdiciado que había en la red.

¿Cómo un medio tan joven consiguió firmas tan potentes como la de Enric González?

La verdad es que nos levantamos todas las mañanas agradeciendo que Enric González escriba en Jot Down. Quizá porque buscamos conectar, hacer amigos, no sólo entrevistar. Se quedan muy contentos con la entrevista, terminamos con una relación… y les invitamos a cerveza. Además, les ofrecemos algo que no les ofrecerán en ningún otro sitio: escribir lo que les dé la gana y como les dé la gana. También les preguntamos a quién nos aconsejan entrevistar, y seguimos el consejo. Y cuando conseguimos al entrevistado, llamamos a la persona que nos lo recomendó y le decimos: «Oye, ¿te gustaría entrevistar a ti a esta persona para Jot Down?».

Habéis estado en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca hablando del valor de la marca. ¿Qué valor tiene la vuestra? 

Mi abuela diría que más que un torero (risas). Hacemos exactamente lo que no recomienda cualquier gurú o experto de internet. No por ir a contracorriente, sino porque no estamos de acuerdo. Buscamos la autenticidad y la libertad. Y la calidad.

Un consejo, no para el periodismo digital, sino para el general

Hacen falta menos egos. Lo importante, al menos para nosotros, son los redactores y las personas a las que entrevistamos, que son quienes tienen que decir algo. Huimos del periodismo intervencionista, del periodista estrella.

Publicado en Madrilánea.com, web de periodismo hiperlocal

7 marzo, 2012 / noemilopeztrujillo

La belleza en la guerra

El psicoanalista Jacques Lacan defendía que la belleza hace soportable lo real, y permite decir lo que de otra forma no podría decirse. Los japoneses definen este límite como el «Má», un hilo muy fino que Gervasio Sánchez consigue cruzar como si de un trapecista se tratara, fotografiando de forma hermosa los rostros y cuerpos de desconocidos.

Un soldado salvadoreño dialoga con su novia. Por Gervasio Sánchez

El objetivo de su cámara es una extensión de sus ojos. Sin él, Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) tendría una miopía social que provocaría que, como «el común de los mortales», desenfocase las imágenes. Su cámara corrige las dioptrías que distorsionan una realidad, la de la guerra. «Prefiere vivir instalado en la angustia a la gangrena de una paz que le pudre», escribe sobre él el fotohistoriador Publio López Mondéjar.

Bombas y disparos reciben a los visitantes que acuden a ver sus obras en la Tabacalera. Se trata de una grabación real de cañonazos realizada en los Balcanes, combinada con una proyección de imágenes del reportero gráfico. La antigua fábrica de tabaco acoge la retrospectiva «Antología», un viaje por los 25 años de fotoperiodismo de Gervasio Sánchez. Un total de 148 fotografías y 96 retratos tomadas en conflictos armados de América, África, Asia y Europa.

«El fotoperiodismo es el pariente pobre de la fotografía, pero es muy importante para la sociedad», afirma el cordobés. «Sólo pretendo contar, documentar un drama. Recordarle al mundo que las guerras aún existen porque son un negocio», explica el periodista. «No trato de emocionar, no trato de hacer arte ni de que mis fotografías trasciendan a un museo, pero si lo hacen, genial».

La esfera de La Tabacalera es fría, lúgubre, incómoda. Tan incómoda como algunas de las imágenes del recorrido. «No es una exposición fácil de ver», afirma el fotógrafo, «y eso va en consonancia con el lugar», añade Gumersindo Lafuente, adjunto al director de El País.

Dónde está el límite entre mostrar el horror y regodearse en el horror, se preguntarán algunos. A lo que Bernardo Pérez, fotógrafo y amigo de Gervasio, responde: «El límite está aquí. Gerva lo bordea con elegancia». Ramón Lobo, corresponsal de guerra y periodista de El País, subraya esa idea: «Gervasio pega un puñetazo encima de la mesa. Estas fotos dan al ‘play’ y te hacen pensar. Es una guerra, y en la guerra hay muertos, y los muertos hay que verlos».

Esta premisa también la defienden los padres que llevaron a sus hijos pequeños a la inauguración de la muestra. «Es necesario que vean lo que hay. Pasan miedo, pero aprenden porque te preguntan qué es un bombardeo o por qué se matan», explica una madre. Una niña escondida bajo el abrigo largo de su padre le dice: «Papá, tengo miedo, vámonos a casa», mientras en el extremo opuesto de la sala una pequeña salta de fotografía en fotografía sin apenas pestañear. «No se asombra o asusta ante estas imágenes. Quizá sea porque aún no tiene noción del dolor», explica su madre.

«En la guerra hay vida»

Niños deslizándose por una helada. Por Gervasio Sánchez

La fotografía de Gervasio Sánchez actúa como un cebo para atraer al público hacia un trasfondo de horror. Una realidad cruda como la carne que, como indica Antonio Muñoz Molina en el prólogo del catálogo de la exposición, «no se puede mirar y, al mismo tiempo, no se puede apartar la vista». Pero, ¿hay belleza en la guerra? «Sí, por supuesto», contesta el fotoperiodista. «La belleza está en la vida, y en la guerra también hay vida. Y la vida es bella».

Ramón Lobo secunda esta idea. «No me hace falta describir la belleza de la guerra, que la hay, la puedes ver en estas fotos. En la de los dos niños abrazados caminando por una calle de Kosovo o en la de unos amigos deslizándose por una calle helada en Sarajevo». Frente a esta última foto, un pequeño grupo de personas sonríe. Enfrente, otro grupo observa una imagen en la que unos civiles miran los cadáveres de unos guerrilleros. Muecas y miradas que se apartan. El contraste de la vida y la muerte que el fotógrafo intercala en las paredes de La Tabacalera: niños que observan una parada militar, un soldado que dialoga con su novia, niños que inhalan pegamento, miembros amputados o niños con pistolas de juguete.

En definitiva, es, una vez más, el trabajo de Gervasio Sánchez.  Una «Antología» que actúa como una panorámica contextual que documenta cada parte de un todo, que es el conflicto bélico. Un modo de luchar contra las guerras y de recordar que existen.

Un hombre lanza el cuerpo de un niño víctima del cólera al fondo de una fosa común en Goma (República Democrática del Congo). Por Gervasio Sánchez

15 diciembre, 2011 / noemilopeztrujillo

Bergareche: «Un mundo con transparencia 100% sería una pesadilla»

Ángel de Antonio (fotógrafo de ABC)

«Llegué al periodismo por amor», aseguró ayer Borja Bergareche en la presentación de su libro «Wikileaks Confidencial» en el Museo ABC. Es un bilbaíno de 34 años que, actualmente, vive un «exilio dorado londinense» como corresponsal para ABC. Su libro rebusca en las entrañas de Wikileaks y de su figura central, Julian Assange. Pero Bergareche no demoniza ni santifica. Para él, «Wikileaks no cambió el mundo, pero ayudó a entenderlo mejor». Tampoco cree que haya sido «la filtración más importante de la historia», aunque reconoce que «tiene elementos que la hacen única».

 Ayer, arropado por los periodistas Ana Pastor, presentadora de «Los desayunos de TVE», Gumersindo Lafuente, adjunto al director de «El País» y Bieito Rubido, director de ABC, el corresponsal apuntó al hecho de que en Estados Unidos hay 750 millones de páginas clasificadas como «Top Secret». «Hay funcionarios que se dedican a sellar y clasificar estos documentos. El gobierno de EE.UU. es un monstruo de generar secretos», afirmó Bergareche. Sin embargo, también reconoció que un mundo con transparencia 100% sería una pesadilla. «Lo importante es saber dónde ponemos el umbral». Por ello, el bilbaíno aprovechó para aconsejar a los gobiernos: «Que tengan menos secretos, pero mejor guardados», ya que, hasta el momento, la base de datos estadounidense era, como explica en «Wikileaks Confidencial», semejante a un «queso gruyère».

 Wikileaks y el periodismo

Bergareche cuenta en su libro que, en plena tormenta periodística en Reino Unido por el escándalo de las escuchas de «News of the World», un político socialista español le preguntó: «¿Y cuál es la diferencia entre lo que hacían estos tíos y lo que hizo Wikileaks?». La misma pregunta la planteó ayer Edurne Uriarte, también periodista de ABC. Para contestar a esta cuestión, Bergareche aludió a su libro, en el que establece una clara diferencia: «El material publicado por ‘News of the World’ provenía de la vida íntima de las personas; el de Wikileaks, de la vida íntima de los estados». Y añadió que mientras los periodistas y detectives del medio de Murdoch «delinquían, los periodistas de los diarios que colaboraron con Assange hacían periodismo».

 Sin embargo, el periodista y escritor Doménico Chiappe no está de acuerdo con esta afirmación. Según su artículo «Wikileaks y el mal periodismo», los periódicos renunciaron al contraste de información. «El periodismo jugó mal sus cartas», asegura Chiappe, «otorgaron credibilidad a la información por el mero hecho de provenir de Wikileaks; los periódicos endosaron su responsabilidad». Bieito Rubido también destacó que fueron los medios los que «le dieron carta blanca y credibilidad» a los cables de Assange. Por ello, Chiappe matiza lo que Bergareche explica, que el trabajo de los periodistas estaba en «verificar los contenidos, no en transcribir, resumir o traducir».

 Yves Eudes, periodista de «Le Monde», asegura que Assange «supo cortejar a los medios desde el principio», por lo que Bergareche augura que él y el fenómeno que le acompaña están aquí «para quedarse». Eso sí, la lección está aprendida y, como expresó Gumersindo Lafuente, ni políticos ni medios se librarán del «escrutinio de los ciudadanos».

22 noviembre, 2011 / noemilopeztrujillo

Donde las elecciones no llegan

Kusturica parece haberse apoderado del lugar. No es un decorado del director, sino El Gallinero, el asentamiento romaní cercano a la Cañada Real. Sus habitantes ignoran la celebración de las elecciones generales y viven el 20-N al margen de la política nacional.

Noemí López Trujillo / E. Vasconcellos

Publicado en ABC.es

E. Vasconcellos

Saben quiénes son Rajoy y Zapatero, pero desconocen a qué partido pertenece cada uno. Viven ajenos a las elecciones generales; ni siquiera sabían que se celebraban ayer. Son los habitantes de El Gallinero, el poblado chabolista más pobre de España, situado a tan solo 15 kilómetros de la Puerta del Sol.

A los casi 400 rumanos de etnia gitana de este asentamiento no les interesa la política porque la política no se interesa demasiado por ellos. Es la conclusión a la que se llega después de pasear por la zona más deprimida de la Comunidad de Madrid mientras millones de españoles asisten a una jornada electoral prematura y lluviosa. Ayer a las dos de la tarde, cerca de 13 millones de ciudadanos ya habían depositado su voto en las urnas. Entretanto, la comunidad romà de la A-3 se mantenía al margen del vuelco electoral. Para ellos, era un día como otro cualquiera. Allí no se hablaba de diputados, senadores, mayorías absolutas ni votantes indecisos. Las 100 familias que residen en casetas de madera, plásticos y chapa no sabían que, a 20 minutos en coche, los partidos políticos preparaban sus discursos de júbilo o derrota. Ayer, su mayor preocupación era que las precipitaciones les dejasen sin suministro eléctrico durante días.

Otra visión de la política

Los mayores de 18 años no pueden votar porque no tienen la nacionalidad española, a pesar de residir aquí desde hace años. Desconocen qué es un colegio electoral o una urna, pero han memorizado dos apellidos: Zapatero y Rajoy. Si pudiesen votar, el socialista sería reelegido presidente por tercera vez consecutiva. El poblado lo tiene claro: «Zapatero cuenta con el voto del pueblo rumano. Te da papeles y no te manda a casa», contestan un hombre y una mujer a capela. Él se llama Constantino, tiene 23 años, 4 hijos y habla con una taza de café recalentado en la mano. Ella, Ramona, una de las pocas –acaso la única– que sabe quién es Rubalcaba. Cuando se refiere a este último, se pasa la mano por la cabeza. Es su forma de explicar a los demás que se trata de un tipo sin pelo.

Cuando hablan de «mandarlos a casa», parecen acordarse de las medidas que tomó Nicolas Sarkozy en 2010, cuando ordenó la expulsión de miles de gitanos rumanos acampados en territorio francés. De las legislaturas socialistas recuerdan especialmente un dato: el proceso de regularización de trabajadores extranjeros que llevó a cabo el Gobierno en 2005. «Para nosotros, Zapatero es como Jesus Christus (sic)», añade Constantino exaltado.

 Lo que saben de los políticos es lo que han visto en la televisión. Aunque la mayoría se muestra favorable a Zapatero, el candidato del PP también encuentra algunos apoyos en el poblado. «Rajoy dice buenas palabras», comenta Marian, padre de 8 hijos y residente en España desde hace solo unas semanas. Daría su voto al líder popular sin pensarlo, pues según él «va a dar trabajo a los que no tienen».«Lleva desde 2004 intentando ser presidente, ya le toca», añade. Algunos niños repiten lo que oyen de sus padres. Es el caso de Pilar, de 7 años, que tras escuchar a su madre, concluye:«Rajoy es malo». Su amiga Sara le replica, pues ha visto cómo su madre critica al hasta ahora presidente:«No, Zapatero es malo».

Ropa mojada cuelga de una cuerda atada a dos postes de madera. Algunas prendas están tendidas dentro de las casas, explican un grupo madres, para que los niños la tengan seca por la mañana. A estas horas, los españoles comentan los resultados electorales y debaten sobre la victoria de Rajoy. Los niños de El Gallinero se ponen la ropa limpia para empezar otro día al margen. Al margen de España y su cambio.

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